Lo último en técnicas de rejuvenecimiento de la piel son los faciales de PRP. El proceso, conocido como inyecciones de plasma rico en plaquetas, implica extraer un poco de la sangre del paciente y usar ciertos elementos beneficiosos de la misma para contrarrestar las señales de la edad y devolverle a la piel su apariencia juvenil.

En el facial PRP se extrae una pequeña cantidad de sangre del paciente, que se coloca en una unidad procesadora para separarla en plaquetas, células blancas, serum y células rojas. Las plaquetas, los factores de crecimiento y las células blancas se colocan entonces en una centrífuga y se concentran. El plasma rico en plaquetas resultante se pasa a un instrumento estéril con micro-agujas. Esas agujas hacen orificios minúsculos en la piel para enviar el PRP directamente a las áreas deseadas para su máxima absorción.

Un facial PRP por lo regular toma entre 15 a 45 minutos y se lleva a cabo con anestesia local para adormecer el sitio de la inyección y minimizar el dolor. La mayoría de los pacientes tolera bien las inyecciones y siente muy pocas o ninguna molestia. La cantidad de sesiones que se recomiendan dependen de la condición de su piel, pero los óptimos resultados se logran usualmente tras uno a tres tratamientos.*

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